TDAH y adolescencia: apocalipsis y normalidad

adolescencia y tdah

La mayoría de los niños que tienen TDAH seguirán mostrando problemas relacionados con trastorno en la adolescencia, de igual modo que ⅔ de los adolescentes seguirán teniendo problemas con su TDAH en la edad adulta.

A partir de los 6 a 7 años comienza la época donde se pueden hacer diagnósticos certeros de trastorno por déficit de atención e hiperactividad. Es a partir de entonces cuando se hace fundamental una detección temprana porque, de no ser así, tanto este trastorno como las comorbilidades que pudiera llevar asociado van a empeorar los síntomas en el adolescente con TDAH y a hacer cada vez más difícil actuar sobre ellos teniendo un impacto desalentador en sus vidas adultas.

Síntomas del TDAH en la adolescencia

La manera en que se manifiesta el trastorno en el adolescente no dista mucho de cómo lo hacía en la infancia. Ambas etapas presentan un cuadro similar en cuanto a los síntomas básicos del TDAH:

  • Impulsividad que hace que tengan más problemas con sus iguales y les lleve a conductas violentas y/o poco responsables.
  • Distracción constante por una baja capacidad de concentración
  • Desorganización para gestionar las tareas básicas de la vida.
  • Hiperactividad o incapacidad de quedarse quietos y terminar las tareas que deben abordar.

Pero en la edad púber esos síntomas pueden agravarse por encontrarse el joven en pleno proceso de cambios radicales tanto en su mundo en general como en lo que respecta a su cuerpo y desarrollo afectivo y cognitivo.


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¿TDAH en la adolescencia? 50 preguntas orientativas para reconocer y tratar el TDAH Por Néstor Szerman


Causas del empeoramiento del TDAH en la adolescencia

La mayor exigencia social

Las tensiones adicionales experimentadas por los adolescentes con TDAH, como la crítica social o la frustración interna, también pueden hacer que los adolescentes sean más vulnerables a estas dificultades.

La adolescencia como etapa conflictiva

La adolescencia, en sí misma, sin trastornos asociados, es una etapa de alta conflictividad entre padres e hijos y entre estos y el mundo.

El adolescente termina de salir de la infancia y comienza a caminar hacia la adultez con un importante mundo de cambios que van desde lo biológico, con la aparición de la maduración sexual, a una mayor participación en la vida social en un proceso en el que va adquiriendo un mayor grado de autonomía, lo que hace que sea una época con muchas fuentes de estrés y de inseguridades.

Todo eso se complica con el TDAH que genera en el adolescente una autoimagen pobre, con una alta conciencia de ser distinto a los demás y sentir verdaderos problemas en hacer cosas para que los demás enfrentan sin mayores contratiempos. Todo ello suele ser una fuente de baja autoestima y ansiedad.

Una vez que se ha recabado el diagnóstico de TDAH en el adolescente las cosas pueden hacerse más difíciles pues ellos y sus familias puede querer evitar el estigma ocultando esa realidad a los demás, incluso a sí mismos, en muchos casos, apoyándose en la merma y desaparición de algunos síntomas que se producen en el adolescente, sobre todo relacionados con la hiperactividad.

En ese sentido, el adolescente lo que precisa es de claridad y transparencia de todo lo concerniente con su diagnóstico y lo que significa. Ante todo, debe asumirlo como si lo hiciera con una enfermedad crónica, como la diabetes, evitando a toda costa cualquier asomo de culpabilidad o vergüenza. Cuanto mejor se enfrente el TDAH, de forma directa y consecuente, mejores serán las probabilidades de éxito a la hora de superarlo y convivir con él.

Hay que tener en cuenta que uno de los factores que agravan el TDAH es la baja autoestima que suele producir. Esta suele estar asociada a cuadros depresivos y de ansiedad que todavía empeoran más los síntomas. Los adolescentes con este trastorno suelen sentir una ansiedad extra al enfrentarse al entorno y las labores académicas y ante la incomprensión de padres, compañeros y profesores. Se hace fundamental revertir esas problemáticas e intentar vincular al chico a actividades que les aporten satisfacción y que les ayuden a entender que pueden hacer cosas bien para trasladar esos sentimientos hacia el resto de parcelas de sus vidas.

Sobre todo, dado lo complejo que es establecer cambios en el mundo exterior, el primer impulso debe ocurrir dentro de la familia, blindar ese vínculo para empezar a construir desde ahí hacia fuera.
La adolescencia, en sí misma, sin trastornos asociados, es una etapa de alta conflictividad entre padres e hijos y entre estos y el mundo.

El adolescente termina de salir de la infancia y comienza a caminar hacia la adultez con un importante mundo de cambios que van desde lo biológico, con la aparición de la maduración sexual, a una mayor participación en la vida social en un proceso en el que va adquiriendo un mayor grado de autonomía, lo que hace que sea una época con muchas fuentes de estrés y de inseguridades.

Todo eso se complica con el TDAH que genera en el adolescente una autoimagen pobre, con una alta conciencia de ser distinto a los demás y sentir verdaderos problemas en hacer cosas para que los demás enfrentan sin mayores contratiempos. Todo ello suele ser una fuente de baja autoestima y ansiedad.

Una vez que se ha recabado el diagnóstico de TDAH en el adolescente las cosas pueden hacerse más difíciles pues ellos y sus familias puede querer evitar el estigma ocultando esa realidad a los demás, incluso a sí mismos, en muchos casos, apoyándose en la merma y desaparición de algunos síntomas que se producen en el adolescente, sobre todo relacionados con la hiperactividad.

En ese sentido, el adolescente lo que precisa es de claridad y transparencia de todo lo concerniente con su diagnóstico y lo que significa. Ante todo, debe asumirlo como si lo hiciera con una enfermedad crónica, como la diabetes, evitando a toda costa cualquier asomo de culpabilidad o vergüenza. Cuanto mejor se enfrente el TDAH, de forma directa y consecuente, mejores serán las probabilidades de éxito a la hora de superarlo y convivir con él.

Hay que tener en cuenta que uno de los factores que agravan el TDAH es la baja autoestima que suele producir. Esta suele estar asociada a cuadros depresivos y de ansiedad que todavía empeoran más los síntomas. Los adolescentes con este trastorno suelen sentir una ansiedad extra al enfrentarse al entorno y las labores académicas y ante la incomprensión de padres, compañeros y profesores. Se hace fundamental revertir esas problemáticas e intentar vincular al chico a actividades que les aporten satisfacción y que les ayuden a entender que pueden hacer cosas bien para trasladar esos sentimientos hacia el resto de parcelas de sus vidas.

Sobre todo, dado lo complejo que es establecer cambios en el mundo exterior, el primer impulso debe ocurrir dentro de la familia, blindar ese vínculo para empezar a construir desde ahí hacia fuera.

Desarrollo de las comorbilidades

Hasta un 60% de los adolescentes diagnosticados con TDAH presentan otros trastornos y otras condiciones concurrentes de comorbilidad que hacen más difícil su crianza y un normal desempeño de sus vidas.

A diferencia del TDAH, que se manifiesta ya en las primeras etapas de vida del niño, hay comorbilidades concurrentes que dan comienzo en etapas posteriores, muchas de ellas, en la adolescencia, añadiendo dificultades extra (por si el paciente no se encontraba con las suficientes) a su experiencia vital

Entre ellos destacan:

Trastorno negativista desafiante (TND). El TND es un tipo de trastorno que agrava el habitual enfrentamiento del adolescente con las figuras de autoridad hasta extremos que le generan serios problemas para el desempeño de una vida normal, impulsándole a una conducta disruptiva minando su capacidad de adaptarse a su entorno social de referencia. Este trastorno que se da en un 3% de la población escolar general, está muy relacionado con el TDAH afectando a entre los 30% al 50% de los niños con esta afección.

Trastornos de ansiedad. La excesiva preocupación y frustración asociadas al TDAH suelen ir acompañadas de diferentes formas de ansiedad que, dadas las especiales condiciones vitales del adolescente con este trastorno, suelen cronificarse y transformarse en trastornos de ansiedad como el de ansiedad generalizada, la fobia social o ansiedad por separación.Los infantes diagnosticados de TDAH sufren la concurrencia con trastornos de ansiedad en el 35% de los casos, cifra que suele aumentar en la edad adulta.

Trastornos relacionados con sustancias y trastornos adictivos. Una de las mayores preocupaciones que puede enfrentar un padres es que su hijo pueda caer en el consumo compulsivo de drogas o en diferentes tipos de adicciones. Esa preocupación es, si cabe todavía más fuerte en los padres con hijos diagnosticados con TDAH que se estima que tienen un 25% probabilidad que sus compañeros de caer en conductas adictivas. Hay una encendida controversia por el tipo de tratamientos farmacológicos con metilfenidato (un tipo de anfetamina) de si puede suscitar ese tipo de conductas adictivas. La investigación ha desmentido eso, asegurando que los pacientes tratados con metilfenidato suelen tener menos tasa de trastornos adictivos.

Trastornos del estado de ánimo. Comprenden trastornos que afectan al tono emocional incluyendo espectros que van desde la hipomania y la manía. Entre ellos los más conocidos son las depresión y el trastorno bipolar. La tristeza o irritabilidad, síntomas característicos de ambos son sumamente destructivos en cuanto a interacciones sociales se refiere y minan estas y la frágil autoestima del adolescente con TDAH. Se estima que entre un 20% y un 30% de estos presentan cuadros dentro de los trastornos del estado de ánimo.

Riesgos de un diagnóstico y tratamiento tardío en adolescentes

Si no son detectados a tiempo los síntomas de baja capacidad de concentración, impulsividad y baja capacidad de gestión de las labores del día día, sumadas al tipo de personalidad arriesgada, impulsiva e inmadura que suele producir el TDAH, el adolescente empeora en sus expectativas:

Académicas: lo ocurre en pacientes adolescentes no diagnosticados debido al incremento del trabajo y el esfuerzo implícitos en los currículums de secundaria.

Laborales: una peor cualificación y una mayor dificultad para adaptarse a las necesidades de los entornos laborales, van a perjudicar su desempeño profesional.

Sociales: el aumento de la autonomía paterna y la necesidad de estrechar lazos para el desempeño de su vida, van a exponer aún más a los adolescentes con TDAH a tensiones y frustraciones.

Sexuales: la baja capacidad de control de sus impulsos, la inmadurez emocional y la baja capacidad de enfocar y preparar su futuro, harán que padezcan más enfermedades de trasmisión sexual y sean padres a edades más tempranas.

Alcohol y drogas: los adolescentes con este padecimiento tienen hasta el doble de posibilidades que sus compañeros de haberse emborrachado en los últimos 6 meses y el triple que ellos de haber consumido drogas ilegales.

Conducción: los adolescentes con TDAH presentan un riesgo de hasta 4 veces mayor que sus iguales a la hora de sufrir accidentes conduciendo vehículos (estadísticas de USA). Ese riesgo se reduce drásticamente si son medicados y tratados.

Este cuadro apocalíptico no es una profecía que deba cumplirse, pero sí un riesgo muy real que debemos tener en cuenta.

Muchos adolescentes con TDAH no diagnosticado tienen vidas muy normales, incluso exitosas. Todo ello se debe al haber contado con un decidido apoyo paterno, el haber sido capaces de apuntalar su autoestima y al hecho de haber encontrado estrategias para minimizar las consecuencias de su condición especial.

Pero el riesgo estadístico de incurrir en problemas es mucho mayor como hemos podido conocer a lo largo de este post, por lo que se hace muy necesario recabar un diagnóstico temprano para minimizar esos riesgos y facilitar la integración de los adolescentes con TDAH en la vida diaria.